Elige historias con una estructura clara y sencilla en lugar de una trama complicada, ya que los oyentes alrededor de una fogata no pueden releer un pasaje confuso como lo harían con un libro, y una historia difícil de seguir pierde rápidamente la atención del grupo. Baja la voz y ralentiza el ritmo en los momentos de tensión en lugar de apresurarlos, ya que un silencio repentino atrae a los oyentes mucho más eficazmente que el volumen, y el ritmo controla el suspenso mejor que la elección de palabras por sí sola. Mantén contacto visual recorriendo todo el círculo en lugar de mirar fijamente a un solo oyente o al fuego, ya que incluir a todos en tu mirada hace que todo el grupo sienta que la historia se les está contando directamente. Deja un momento de silencio después de un remate o un giro en lugar de continuar de inmediato, ya que esa pausa permite que el momento se asiente y da tiempo a los oyentes para reaccionar antes de que continúe la historia. Conoce tu final antes de empezar en lugar de improvisar la conclusión sobre la marcha, ya que una historia que se desvanece sin una resolución clara deja a los oyentes insatisfechos aunque todo lo anterior haya sido convincente. Ajusta el contenido de miedo a la edad del oyente más joven en lugar de al mayor, ya que una historia que parece suave a los adolescentes puede asustar genuinamente a un niño pequeño, y un niño alterado normalmente pone fin a los relatos para todo el grupo.