Mantén la profundidad del agua poco elevada, no más de unos cinco centímetros en el punto más profundo, ya que la mayoría de las aves de jardín no pueden usar un baño demasiado profundo, y un cuenco poco profundo con un borde en pendiente suave permite que aves de diferentes tamaños entren de forma segura. Elige un cuenco de textura rugosa en lugar de uno liso y brillante, ya que las superficies lisas se vuelven resbaladizas al mojarse y no dan a las aves nada a lo que agarrarse con las patas, haciéndolas dudar en aterrizar o bañarse. Coloca el baño en un lugar con algo de cobertura cerca, como un arbusto o ramas bajas a un par de metros, ya que las aves necesitan una vía de escape rápida de los depredadores pero también suficiente espacio abierto alrededor del baño mismo para detectar el peligro que se acerca. Cambia el agua cada dos o tres días aunque parezca limpia, ya que el agua estancada dejada más tiempo que eso se convierte en un caldo de cultivo para larvas de mosquitos sin importar lo clara que parezca. Frota el cuenco con un cepillo duro cada semana, ya que las algas y los excrementos de aves forman una película resbaladiza fácil de pasar por alto visualmente pero que sigue representando un riesgo para la salud de las aves que lo usan. Añade unas piedras planas o guijarros al fondo de un cuenco más profundo, ya que estos dan a las aves más pequeñas una percha menos profunda dentro de un baño que de otro modo podría ser demasiado profundo para ellas.