Construye una base amplia y plana antes de apilar hacia arriba en lugar de empezar con una torre estrecha, ya que una base amplia distribuye el peso de manera uniforme e impide que la estructura se vuelque a medida que crece en altura. Alterna la dirección de cada capa, como al colocar ladrillos, en lugar de apilar bloques directamente uno sobre otro, ya que las juntas escalonadas traban las piezas y hacen la estructura mucho más resistente que una pila con juntas verticales rectas. Clasifica los bloques por tamaño o forma en montones separados antes de construir en lugar de rebuscar en un cajón grande a mitad del proyecto, ya que buscar constantemente rompe la concentración de un niño y convierte el construir en frustración en lugar de juego creativo. Deja que un niño pequeño derribe su propia estructura terminada en lugar de intervenir para preservarla, ya que demoler lo que construyó suele ser tan satisfactorio como construirlo y enseña que los errores y empezar de nuevo son una parte normal del juego. Ajusta el tamaño de los bloques a la edad del niño, usando bloques grandes y robustos para los pequeños y sets más pequeños y detallados para niños mayores, ya que los bloques demasiado pequeños son un riesgo de asfixia para niños menores de tres años, mientras que los bloques demasiado grandes aburren a niños listos para retos motrices más finos. Guarda los bloques en cajas abiertas en lugar de cajas cerradas con tapa, ya que un niño pequeño necesita ver las piezas para planear una construcción, y un contenedor que oculta su contenido queda ignorado en favor de juguetes visibles.