Usa un frasco transparente con agujeros de aire perforados en la tapa en lugar de un recipiente sellado, ya que los insectos se asfixian en cuestión de minutos en un espacio hermético, y hasta una excursión corta de recolección puede matar ejemplares que pretendías liberar. Añade una toalla de papel húmeda o unas briznas de hierba al frasco en lugar de dejarlo vacío, ya que la mayoría de los insectos necesitan algo de humedad y comida para sobrevivir más de una hora o dos en cautiverio. Maneja los insectos con delicadeza dejando que caminen sobre tu mano o una hoja en lugar de pellizcarlos o apretarlos, ya que muchas especies son lo bastante frágiles como para que un agarre firme aplaste permanentemente patas, alas o antenas. Libera a los insectos el mismo día y cerca de donde los encontraste en lugar de mantenerlos a largo plazo o reubicarlos lejos, ya que la mayoría de los insectos están adaptados a un hábitat local específico y no sobrevivirán si se los traslada a un terreno desconocido. Evita tocar orugas con espinas o insectos de colores llamativos como algunos escarabajos y chinches sin comprobar primero, ya que varias especies comunes pueden picar o liberar sustancias químicas irritantes como mecanismo de defensa. Busca debajo de troncos, rocas y hojarasca en lugar de buscar solo en el pasto abierto, ya que la mayor parte de la diversidad de insectos se esconde en estos microhábitats húmedos y protegidos en lugar de estar a plena vista.