Usa tela de fibra natural como algodón o seda en lugar de mezclas sintéticas, ya que la cera se adhiere mal a las fibras sintéticas y el tinte no se absorberá uniformemente en ellas. Lava y seca la tela antes de empezar para eliminar cualquier acabado de fábrica, ya que el apresto y los almidones en tela nueva impiden tanto a la cera como al tinte adherirse correctamente a las fibras. Mantén la cera a la temperatura adecuada, lo bastante caliente para empapar la tela y verse translúcida por ambos lados, ya que una cera demasiado fría se queda en la superficie y se agrieta antes del teñido, dejando que el tinte se filtre en zonas que debían permanecer protegidas. Aplica cera en cualquier área cuyo color actual quieras conservar, ya que la cera actúa como una barrera que bloquea la penetración del tinte en la tela subyacente. Trabaja del color de tinte más claro al más oscuro, encerando cada color antes de añadir el siguiente, ya que teñir de claro a oscuro permite que cada nueva capa de tinte solo afecte las zonas sin cera sin ensuciar los colores ya fijados. Retira la cera al final hirviendo la tela en agua o planchándola entre capas de papel, ya que la cera que queda en la tela la mantiene rígida e impide que los colores del tinte muestren su verdadero tono vivo.