Planifica la sesión según el horario natural de tu bebé, idealmente justo después de una siesta y una toma, ya que un bebé descansado y bien alimentado es mucho más propenso a cooperar y sonreír que uno cansado o hambriento. Usa luz natural y suave cerca de una ventana en lugar de iluminación dura cenital o flash directo, ya que la luz suave es más cómoda para los ojos del bebé y produce fotos más favorecedoras y de aspecto natural. Mantén el espacio cálido y cómodo si planeas fotografiar a tu bebé con poca ropa, ya que los bebés se enfrían rápido, y un bebé con frío no se quedará quieto para las fotos. Ten a alguien cerca que ayude haciendo sonidos, sosteniendo accesorios firmes, o calmando a tu bebé entre tomas, ya que esto te libera para concentrarte en la cámara y la composición en lugar de hacer malabares con todo solo. Toma muchas más fotos de las que crees necesitar, ya que los bebés cambian de expresión constantemente, y solo una fracción de las tomas captará los momentos naturales y espontáneos que esperas conseguir. Mantén las sesiones cortas, generalmente menos de treinta minutos cada vez, y vigila las señales de irritabilidad o cansancio excesivo, ya que sobrepasar el límite de tu bebé suele producir más llanto que sonrisas.