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Explora ruinas, almenas y grandes salas de un castillo o sitio histórico — los niños se convierten naturalmente en caballeros y princesas, y la historia cobra vida a través de piedras que pueden tocar y escalar.
Dibuja una cuadrícula numerada en el suelo, lanza una piedra y salta — un antiguo juego de calle que desarrolla el equilibrio, el reconocimiento de números y el respeto del turno en los niños pequeños.
Haz girar un hula hoop alrededor de tu cintura, brazos o cuello y mira quién aguanta más — un divertido reto de coordinación que funciona igual de bien en el jardín o en casa.
Apila cojines, cuelga mantas sobre sillas y coloca piedras de papel para construir un circuito de aventuras en el salón — ingeniería doméstica creativa que quema energía y encanta a los niños los días de lluvia.
Esconde pistas por toda la casa que lleven a un pequeño premio — un clásico para días de lluvia que hace correr a los niños por cada habitación, pensar, leer y trabajar en equipo.
Salta, gatea, desliza y escala a través de un gigantesco circuito hinchable — una actividad de alta energía y llena de risas que agota a los niños de la mejor manera posible.
Comenzar con pañuelos, avanzar a bolsitas, luego a pelotas — hacer malabares desarrolla la coordinación mano-ojo y la concentración a través de fallos divertidos y da a los niños una habilidad escénica para toda la vida.
Da a cada niño un pequeño presupuesto y reta a encontrar el objeto más interesante o inusual del rastro — una excursión maravillosamente educativa que enseña presupuesto, negociación y curiosidad.
Dibuja cuatro cuadrados con tiza en el asfalto, asigna un rango a cada uno y bota una pelota entre jugadores — el jugador del cuadrado uno pone reglas locas en cada ronda. Un juego de patio atemporal.