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Rellena moldes de polo con fruta triturada, zumo o yogur y congela durante la noche — los polos caseros involucran a los niños en la cocina y producen un snack estival saludable del que se sienten orgullosos.
Hornea una tanda de magdalenas sencillas, luego dispón cuencos de glaseado, fideos de azúcar y mini caramelos — deja que los niños diseñen sus propias obras de arte comestibles. Cuanto más desordenada la cocina, más memorable.
Cada persona dibuja algunos paneles de una historia compartida — una persona empieza, dobla el papel para ocultar todo menos el último panel, y lo pasa. Los absurdos resultados son más graciosos que cualquier cosa planeada.
Elige un tema — mexicano, japonés, cinco ingredientes — asigna roles, pon el cronómetro y cocina juntos en sana competencia. Un juego de cocina divertido que termina con una comida preparada en equipo.
Apila, recorta y decora cajas viejas para crear un paisaje urbano en miniatura con casas, tiendas y carreteras — un proyecto de construcción abierto que estimula la imaginación durante horas.
Exposiciones interactivas sobre ciencia, arte e historia permiten a los niños explorar, construir y experimentar a su ritmo — un día fuera que convierte el aprendizaje en puro juego.
Rueda, pellizca y enrolla arcilla de secado al aire u hornable dando forma a animales, boles o figuras en miniatura — una actividad creativa maravillosamente táctil que produce objetos que los niños pueden pintar y conservar.
Llena vasos con agua, añade colorante alimentario y mezcla para descubrir nuevas tonalidades — una sencilla actividad científica de cocina que enseña a los niños la teoría del color y la alegría del descubrimiento.
Mezclar, extender, cortar y decorar galletas con glaseado y virutas de colores — un clásico proyecto de cocina de fin de semana que enseña a medir, paciencia y termina con una deliciosa recompensa.