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Practica vendarle una rodilla raspada, tratar una quemadura y llamar a los servicios de emergencia — representar estos escenarios con un botiquín básico convierte la teoría de seguridad en memoria muscular.
Da a cada niño un pequeño presupuesto y reta a encontrar el objeto más interesante o inusual del rastro — una excursión maravillosamente educativa que enseña presupuesto, negociación y curiosidad.
Dirígete a una playa rica en fósiles, un acantilado o una cantera con un pequeño martillo para buscar ammonites, dientes de tiburón y belemnites — sostener una criatura de 300 millones de años es incomparable.
Dibuja cuatro cuadrados con tiza en el asfalto, asigna un rango a cada uno y bota una pelota entre jugadores — el jugador del cuadrado uno pone reglas locas en cada ronda. Un juego de patio atemporal.
Rellena moldes de polo con fruta triturada, zumo o yogur y congela durante la noche — los polos caseros involucran a los niños en la cocina y producen un snack estival saludable del que se sienten orgullosos.
Apila bloques de madera gigantes formando una torre, luego por turnos retira uno sin derribarla — un juego de tensión creciente que provoca suspiros, estrategia y carcajadas en todas las edades.
Sube a un tren de vapor o diésel vintage cuidadosamente restaurado — los sonidos, los olores y los vagones de época deleitarán a niños y amantes de la historia por igual.
Usa ramas caídas, hojas y restos del bosque para construir un refugio oculto en el bosque — un desafío ingeniero creativo y primigenio que da a los niños un enorme sentido de logro.
Mantén un huevo en equilibrio sobre una cuchara y corre hasta la meta sin dejarlo caer — un clásico de concentración y coordinación tan hilarante de ver como difícil de dominar.